Vínculos y límites
Vínculos y límites
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Lo esencial
· Un impulso tiene forma de ola: crece, llega a un punto máximo y después baja, aunque no hagas nada.
· La práctica es buscarlo en el cuerpo, respirar y acompañar cómo cambia, sin obedecerlo ni apartarlo.
· Sirve para los impulsos que aparecen después de una infidelidad, y también para muchos otros.
¿Alguna vez hiciste algo solo para que unas ganas insoportables se calmaran, y al rato estabas peor? Surfear el impulso es una práctica de mindfulness que propone otra manera de atravesar esas ganas. Es parte de la serie de mindfulness que empezó con frenar antes de contestar, y esta vez la pensé para un momento muy particular.
Después de enterarte de una infidelidad aparecen impulsos muy fuertes: revisar el celular o las redes de tu pareja otra vez, escribirle a la otra persona, pedir otra vez cada detalle. Seguirlos alivia un rato, pero suele dejar todo igual o peor.
Las ganas crecen, llegan a un punto máximo y después bajan, aunque no hagas nada. Cuando estás arriba de todo, la mente te dice que van a durar para siempre y que la única salida es hacer algo ya.
Cuando aparece el impulso, fijate dónde lo sentís: presión en el pecho, manos inquietas, calor en la cara. Notá la sensación tal como es, sin agregarle una historia encima.
Mientras la ola sube, respirá despacio y seguí con atención cómo cambia la sensación: si crece, si se mueve, si afloja. No hace falta que te guste ni que la apartes.
En algún momento la intensidad empieza a bajar. Notarlo te muestra que el impulso pasa aunque no lo obedezcas, y con la práctica suele volverse más manejable.
Si en lugar de reaccionar te quedás observando, empezás a notar que el impulso se mueve, aprieta más, después afloja, cambia de lugar. Lo que parecía fijo resulta estar en movimiento todo el tiempo. Prestar atención a esos cambios de intensidad, de lugar y de forma es la práctica misma: observar sin juzgar lo que ya está pasando.
Comer sin hambre, escribirle a tu ex, scrollear sin parar. La práctica es la misma: acompañar la ola hasta que baje, en vez de hacer lo que te pide.
No hace falta lograrlo siempre ni hacerlo perfecto. Cada vez que te quedás a mirar en lugar de reaccionar, la atención se entrena un poco más. Quizás te sirva preguntarte qué impulso te gustaría dejar de seguir en automático.
Si hay un impulso que te cuesta dejar pasar y querés trabajarlo, podemos hacerlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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