Perfeccionismo

¿Ser exigente es lo mismo que ser perfeccionista?

Es una de las preguntas que más me hacen cuando hablamos de este tema: "¿entonces está mal ser exigente?". La respuesta corta es no. Ser exigente es apuntar alto, disfrutar el desafío y seguir adelante aunque algo no salga como esperabas. El perfeccionismo es otra cosa: el estándar deja de ser una meta y se convierte en un requisito. Sin él, no hay permiso para empezar, para entregar, ni para sentir que valés.

Se nota más en lo que hacés que en lo que pensás

Por eso el perfeccionismo suele pasar desapercibido puertas adentro: no siempre es un pensamiento explícito, sino un patrón de conducta. Las revisiones que no terminan nunca. Los trabajos que nunca llegás a mostrar porque "todavía les falta algo". Los proyectos que directamente no arrancás porque no confiás en que puedas hacerlos como corresponde.

La línea que marca la investigación

Lo que distingue a la autoexigencia sana del perfeccionismo no es la altura del objetivo, sino qué pasa cuando no lo alcanzás: si podés ajustar y seguir, o si el fracaso percibido te paraliza y te exige empezar de nuevo desde cero.

¿En cuál de estas conductas te reconociste? Vale la pena mirarlo con calma, no para juzgarte, sino para entender el patrón.

— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)

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