Síndrome del impostor

¿Sentís que en cualquier momento te van a descubrir?

Lectura: 2 minutos

Lo esencial

· El síndrome del impostor es la brecha entre lo que lograste y lo que creés merecer. No es baja autoestima en general.
· Es muy frecuente: alrededor del 70% de las personas lo experimenta en algún momento.
· Cada logro nuevo no cierra la duda, la reactiva. El problema no está en la evidencia, sino en cómo se procesa.

Hiciste algo bien. Te felicitaron. Y lo primero que pensaste fue "tuve suerte" o "en algún momento se van a dar cuenta de que no soy tan capaz". Eso tiene nombre, y le pasa a la mayoría de las personas en algún momento de su vida, aunque casi nadie lo cuenta.

Qué es el síndrome del impostor

Lo nombraron en 1978 las psicólogas Clance e Imes: personas con logros reales que no logran sentirlos como propios y viven con miedo a ser "descubiertas" como un fraude. No es baja autoestima en general. Es una brecha puntual entre lo que lograste y lo que creés merecer.

Cómo se ve en la práctica

· Atribuir los logros a la suerte o al azar.
· Minimizar los reconocimientos ("tampoco fue para tanto").
· Prepararte el doble para que no "te descubran".
· Tener dificultad para disfrutar lo que lograste.

Puede aparecer incluso en trayectorias objetivamente exitosas.

Es más frecuente de lo que parece

Una revisión sistemática de 2020 estimó que alrededor del 70% de las personas lo experimenta en algún momento. Aparece más en entornos competitivos y en momentos de cambio o de mucha exigencia.

De dónde viene

Muchas veces de entornos donde el reconocimiento dependía del rendimiento, o de mensajes que asociaron la inteligencia a algo fijo ("sos brillante") en lugar de algo que se trabaja. En personas de grupos poco representados en ciertos espacios, también puede tener un componente estructural real, no solo psicológico.

El ciclo que lo mantiene

Un desafío, el miedo a ser descubierto, el sobreesfuerzo, un buen resultado y la conclusión de siempre: "fue suerte". Y el miedo no cede. Los éxitos no se integran: cada logro nuevo no cierra la duda, la reactiva. Como si el mérito tuviera fecha de vencimiento y hubiera que volver a demostrarlo desde cero cada vez.

Lo que más confunde de este patrón es que no tiene que ver con cuánto valés en realidad. El problema no está en la evidencia: está en cómo la procesás.

Qué ayuda

Revisar a qué le atribuís tus logros: ¿qué evidencia tenés de que fue solo suerte? Registrar tu aporte real en cada logro. Hablarlo, porque saber que a otros también les pasa ayuda. Y en terapia, la TCC tiene herramientas específicas para trabajarlo. En esta nota comparto algunas para el día a día.

Si sentís que en cualquier momento te van a descubrir y querés trabajarlo, podemos hacerlo en consulta. Escribime por WhatsApp.

— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)

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