Autocompasión
Autocompasión
Hay algo curioso en cómo tratamos a las personas que queremos comparado con cómo nos tratamos a nosotros mismos. La mayoría sabemos ser buenos amigos: sabemos qué decir cuando alguien se equivoca o está agotado, cómo acompañar sin juzgar. La habilidad ya está instalada. Lo que casi nadie hace es usarla con la persona con la que convive las 24 horas del día.
Cuando se propone tratarse con esa misma amabilidad, aparece casi siempre la misma desconfianza: la idea de que ser más blando con uno mismo significa perder el filo, bajar el estándar, dejar de exigirse. Es un miedo comprensible, pero la evidencia va justo en la dirección contraria: las personas más autocompasivas no se vuelven más pasivas, se vuelven más resilientes.
Esta semana cierra un recorrido que empezó con el síndrome del impostor y siguió con la autoexigencia y el perfeccionismo. La autocompasión es la alternativa a todo eso: no es resignarse, es cambiar de estrategia.
¿Qué se te aparece cuando pensás en aflojar un poco con vos? Vale la pena prestarle atención a esa respuesta.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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