Autocompasión
Autocompasión
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Lo esencial
· La Terapia Centrada en la Compasión describe tres sistemas: uno de amenaza, uno de logro y uno de calma.
· En las personas muy autocríticas, el sistema de calma suele estar fuera de forma por falta de uso.
· Por eso tratarte bien no se decide: se entrena. Y que al principio incomode es esperable.
Paul Gilbert desarrolló la Terapia Centrada en la Compasión trabajando con personas para las que ser amables consigo mismas era casi imposible. Personas con mucha vergüenza y mucha autocrítica, que entendían la idea de tratarse bien, pero no lograban sentirla. Su modelo ayuda a entender por qué pasa.
El modelo describe tres sistemas que evolucionaron para cumplir funciones distintas: uno detecta amenazas, otro nos empuja a conseguir cosas y otro nos calma. Los tres son necesarios. El problema aparece cuando el equilibrio se rompe.
Su trabajo es protegerte: detectar peligro y reaccionar rápido. Ansiedad, alerta, hipervigilancia. La autocrítica funciona acá: "no lo arruines" es, en el fondo, una alarma. Es útil frente a un peligro real, y agotador como estado permanente.
Es el motor: buscar, conseguir, avanzar. Da energía y entusiasmo. Pero cuando se pone al servicio de la amenaza, deja de buscar por disfrute y empieza a buscar para no fallar. Ahí el logro no calma: solo compra tiempo hasta la próxima exigencia.
Se activa con seguridad, afecto y conexión. Es el que permite descansar de verdad, procesar lo vivido y recuperarse. En las personas muy autocríticas suele estar poco entrenado: saben exigirse y saben alarmarse, pero calmarse les resulta territorio desconocido.
El miedo a fallar enciende la amenaza. Para calmarla, el logro se pone a trabajar: más exigencia, más horas, más control. El alivio dura poco, el miedo vuelve y todo arranca otra vez. Entre esos dos sistemas, la calma nunca entra.
Por eso la voluntad sola no alcanza: no es un problema de decisión, sino de entrenamiento. Entrenar la compasión es entrenar el sistema de calma. Con práctica, el cuerpo aprende que existe otro modo de regularse, además de la alarma y la exigencia.
Eso cambia la pregunta. Deja de ser "¿por qué no puedo ser más amable conmigo?" y pasa a ser "¿cómo entreno algo que casi nunca usé?". Y si cuando intentás tratarte bien aparece incomodidad, o hasta rechazo, no significa que la autocompasión no sea para vos. Significa exactamente lo que el modelo predice que pasa al principio.
¿En qué sistema vivís la mayor parte del día: el de amenaza, el de logro o el de calma?
Si te cuesta tratarte con amabilidad y querés empezar a entrenarlo, podemos trabajarlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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