TCC
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La primera reacción, cuando esto pasa, suele ser pensar que hay algo raro en uno mismo, que no se puede confiar ni con la evidencia servida. Lo que ocurre en realidad es más simple, y menos personal. Antes de que una prueba de cariño llegue a vos, ya pasó por tres filtros. Uno decide qué mirás: si esperás rechazo, vas a registrar la cara seria y no las diez veces que te trataron con amabilidad. Otro decide cómo leés lo ambiguo, y ahí un silencio se convierte en enojo sin que medie ninguna evidencia real. El tercero decide qué guardás en la memoria, y suele guardar sobre todo las veces que te fallaron.
Por eso decirte a vos mismo frases tranquilizadoras rinde tan poco: no estás peleando contra un pensamiento aislado, estás peleando contra el filtro que arma esos pensamientos antes de que los puedas elegir. Reconocer estos tres filtros (atención, interpretación y memoria) no los hace desaparecer, pero sí abre una distancia pequeña y valiosa entre lo que sentís automáticamente y lo que decidís creer.
¿Cuál de los tres filtros reconocés más en vos?
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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