Emociones

Por qué te vinculás como te vinculás

Lectura: 3 minutos

Lo esencial

· El apego es la forma que aprendiste, desde muy temprano, para buscar cercanía y sostén cuando algo te angustia.
· Se nota en la pareja, pero también en la familia, las amistades y el trabajo, sobre todo cuando hay tensión.
· No es una condena: lo que se aprendió se puede reaprender, sobre todo dentro de vínculos seguros y en terapia.

El apego es uno de esos temas que de repente están en todos lados. Y como suele pasar cuando algo se pone de moda, se termina simplificando: queda reducido a un test rápido o a una etiqueta que te ponés, y ahí termina la reflexión. En realidad es algo más profundo, y vale la pena mirarlo con un poco más de calma.

Una escena conocida

Hubo una discusión. Una persona necesita hablarlo en el momento, entender qué pasó y que quede cerrado esa misma noche. La otra necesita cortar, tomar aire y esperar a que baje la intensidad para poder pensar. Y ninguna termina de entender a la otra.

Aunque parezca lo contrario, las dos personas están cuidando la relación, cada una con una estrategia opuesta. Lo que se enciende en el conflicto es el sistema de apego: la forma que cada quien aprendió para sostener la cercanía cuando siente que está en riesgo.

Se aprende temprano

Desde chicos buscamos en una figura de apego protección y consuelo cuando algo nos angustia. Cómo respondía esa figura, una y otra vez, fue dejando un modelo interno de qué esperar de los vínculos. De ahí te quedó una manera de esperar al otro que, muchas veces sin que te des cuenta, seguís llevando a tus relaciones de hoy.

Los estilos de apego

Apego seguro. La figura fue previsible y cálida, y eso dejó una base: confianza en el otro, en uno mismo y para salir a explorar sabiendo que hay a dónde volver. En un conflicto, la persona puede hablar y también dar espacio, sin sentir que el vínculo se rompe.

Apego ansioso. La figura estuvo de forma inconsistente: a veces disponible y a veces no. Se aprendió a vivir en alerta. En el conflicto se activa el miedo al abandono, y aparece la necesidad de hablarlo hasta el cansancio, resolverlo ya y, a veces, pelear para recuperar la cercanía.

Apego evitativo. La figura solía no responder a la necesidad, o esperaba que te arreglaras por tu cuenta. Se aprendió a no depender. En el conflicto, la emoción intensa pide distancia: espacio, alejarse, pensar, dejar que baje antes de volver a hablar.

Apego temeroso. La figura fue a la vez refugio y fuente de miedo: podía venir cariño u hostilidad, y la cercanía quedó asociada al peligro. En el conflicto se oscila entre acercarse y salir corriendo. Se busca la conexión y, al mismo tiempo, se la teme.

No es solo cosa de pareja

Esto no se nota solamente en la pareja. Aparece en cómo te cae que una amiga tarde en responder un mensaje, en si te animás a pedir ayuda o preferís resolver todo en soledad, en cómo te sentís cuando alguien se acerca de más. Está en la familia, en las amistades y en el trabajo, y se hace más visible cuando hay tensión, porque en esos momentos responde primero lo que aprendiste, antes de que llegues a pensarlo.

No es una condena

Tu forma de vincularte se aprendió, y lo que se aprendió se puede reaprender. Hay una idea que lo resume muy bien: apego con apego se cura. Dentro de vínculos seguros, y en terapia, se va construyendo de a poco otra manera de estar cerca.

Mirarlo con calma, sin apurarte a ponerte una etiqueta, es la mejor forma de empezar a entenderte y, con el tiempo, a relacionarte distinto. Quizás te sirva preguntarte con qué estilo te reconocés más cuando algo en un vínculo te angustia.

Si querés entender cómo te vinculás y empezar a hacerlo distinto, podemos trabajarlo en consulta. Escribime por WhatsApp.

— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)

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