Límites
Límites
Si nunca pusiste un límite, no hace falta que el primero sea con la persona más difícil de tu vida. Puede ser con el mozo que trajo mal el pedido, con el grupo de WhatsApp que no para de sonar, con esa persona a la que le decís que sí sabiendo que después vas a terminar resentida. Ahí también cuenta.
Una señal clara: el resentimiento acumulado. Si notás fastidio sostenido hacia alguien sin una razón puntual, probablemente hay algo que nunca llegaste a decirle.
Poner el límite es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es sostenerlo frente a la reacción del otro, y manejar la culpa que casi siempre aparece después. Como cualquier entrenamiento, cuesta más al principio y se vuelve más natural con la práctica.
¿Hay algún límite que tengas pendiente? No hace falta empezar por el más difícil.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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