Límites
Límites
Lectura: 3 minutos
Lo esencial
· El estallido casi nunca habla del hecho puntual, sino de todo lo que quedó sin decir antes.
· Hay tres estilos que suelen aparecer: el pasivo acumula, el agresivo descarga y el pasivo-agresivo castiga sin decir.
· Ser asertivo es decirlo cuando todavía es chico. No es cómo sos: es cuánto esperaste.
Entrás a la cocina, ves la taza en la mesada y algo adentro tuyo se rompe. Levantás la voz por una taza. Y a los cinco minutos ya estás con vergüenza, pensando que exageraste, que estás insoportable.
Cuando alguien cuenta que estalló por una pavada, suele servir preguntar: ¿cuántas veces pasó esto antes sin que dijeras nada? La respuesta casi siempre deja un silencio.
Porque esa taza no era la primera. Era la número cuarenta y uno. Las cuarenta anteriores te las tragaste, una por una, y ninguna hizo ruido. Todas siguen ahí adentro.
Porque era una pavada, porque no era el momento, porque el otro venía cansado, porque no querías hacer un problema. Cada una de esas razones era razonable, y sumadas te dejaron en el peor lugar posible.
Priorizás lo que necesita el otro y postergás lo tuyo. A corto plazo evitás el conflicto, y esa es toda su lógica. A largo plazo acumulás, te llenás de resentimiento, y el vínculo se va enfriando sin que nadie sepa por qué.
Hace lo contrario: descarga en el momento, sin filtro, y consigue lo que quiere. También funciona a corto plazo, y por eso se repite. Lo que se rompe es lo de al lado: la gente empieza a cuidarse de vos y te va contando cada vez menos cosas.
No decís nada y, al mismo tiempo, lo decís todo: con silencios, con ironías, con un "no, nada" que se escucha desde la otra habitación. Es la bronca saliendo por un costado, y deja al otro sin nada concreto que responder.
Desde afuera, el otro solo ve a alguien reaccionando de forma desproporcionada por algo mínimo. Y ahí aparece una vergüenza muy puntual: la de sentirte una persona difícil de convivir. Pero esto no tiene que ver con tu carácter, sino con haber esperado demasiado. Lo que el primer día se podía decir con tranquilidad, dicho el día cuarenta y uno ya sale como reproche.
Es decirlo en la taza número dos, cuando todavía es chiquito y no te tiembla la voz. Ahí la conversación dura treinta segundos. En la número cuarenta y uno ya no hay conversación, solo descarga.
No se trata de decir todo lo que sentís sin filtro, sino de animarte a nombrar lo chico cuando todavía es chico. Si querés una forma concreta de hacerlo, en esta nota comparto una estructura en cuatro partes para decir lo difícil.
Si te pasa seguido que acumulás hasta explotar, podemos trabajarlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
Seguí explorando
¿Querés trabajar esto en terapia?
Si esto te pasa y querés trabajarlo, podemos conversar.