Perfeccionismo

Perfeccionismo: cuando el estándar nunca es suficiente

No es lo mismo que querer hacer las cosas bien. Es creer que lo que lograste nunca es suficiente, minimizar los logros y maximizar lo que faltó. Y cuando se instala esa lógica, tiene un costo enorme en ansiedad, en procrastinación y en cómo te tratás cuando algo no sale como querías.

¿Qué es el perfeccionismo?

El perfeccionismo existe en un continuo y no siempre es problemático. Se vuelve desadaptativo cuando los estándares son tan altos e inflexibles que la distancia entre lo que logramos y lo que nos exigimos nunca se cierra. No importa qué tan bien salga algo: siempre hay una brecha, siempre falta algo. Y esa sensación sostenida de que nunca alcanza es lo que genera malestar, bloqueo y autocrítica.

¿Por qué aparece?

Muchas veces es una respuesta adaptativa. Aprendiste que ser perfecto/a te protegía de la crítica, del rechazo, o de la sensación de no valer. "Si lo hago perfecto, nadie puede atacarme." La perfección como escudo. El problema es que el escudo agota.

El circuito que se repite

Te imponés un estándar muy alto. No llegás, o llegás pero no lo registrás como suficiente. Te juzgás con dureza. Para salir de ese malestar, subís la vara. Pero el sistema de evaluación no cambia, así que tampoco esa meta va a alcanzar. Lo que lo mantiene no es la exigencia en sí: es que el reconocimiento de los logros nunca llega.

Perfeccionismo y procrastinación

Van muy de la mano. Si el estándar es perfección, empezar es arriesgado porque implica la posibilidad de no llegar. Entonces mejor no empezar, o empezar y abandonar antes de terminar. El perfeccionismo no es el opuesto de la procrastinación, es una de sus causas más frecuentes.

Lo que ayuda

Distinguir entre excelencia y perfección. Practicar mostrar cosas imperfectas y observar que el mundo no se cae. Identificar de dónde viene el estándar: ¿es tuyo o lo adoptaste de otro lado? Trabajar la relación con el error. Y en terapia: explorar qué está protegiendo ese perfeccionismo.

Hecho es mejor que perfecto, no porque la calidad no importe, sino porque lo perfecto que nunca se termina no ayuda a nadie, tampoco a vos.

— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)

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