TCC
TCC
Pensamientos: lo que interpretás sobre lo que te pasa, incluyendo pensamientos automáticos y creencias sobre vos, los demás y el mundo. Emociones: lo que sentís como respuesta a esas interpretaciones, como tristeza, ansiedad, enojo o culpa. Conductas: lo que hacés (o dejás de hacer) como respuesta a todo lo anterior, por ejemplo evitar, aislarte, postergar o buscar reaseguro.
Si tenés pensamientos muy autocríticos durante el día, es probable que tus emociones se tiñan de eso y sientas tristeza o apatía. Y también que tus conductas cambien: dejás de salir, de ver gente, te retraés. Ese aislamiento alimenta los pensamientos negativos. Y la rueda sigue girando.
Muchas veces intentamos cambiar cómo nos sentimos directamente y no funciona, porque las emociones son una respuesta, no el punto de partida. Entender qué pensamiento o qué conducta está sosteniendo ese malestar es lo que abre la posibilidad de trabajarlo.
No siempre empezamos por los pensamientos. A veces lo más accesible es modificar una conducta: salir aunque no tengas ganas, hacer algo distinto a lo que el malestar te pide. Lo importante es que tocar cualquiera de los tres niveles genera inevitablemente un efecto sobre los otros dos.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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