Límites
Límites
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Lo esencial
· Un límite no es rechazar al otro: es incluirte a vos en la ecuación.
· El resentimiento sostenido suele ser la señal de que hay un límite que faltó poner o sostener.
· Si te cuesta, no es un defecto de carácter: hay una historia detrás, y lo que se aprendió se puede desaprender.
Decís que sí cuando en realidad querías decir que no. Después viene el enojo, el cansancio, el resentimiento. Y la otra persona, la mayoría de las veces, ni sabe qué pasó. Eso suele pasar cuando hay un límite que no se puso, o que se puso y no se sostuvo.
Decimos que sí para evitar el conflicto, para no incomodar, para que el otro no se enoje, no se vaya o no nos deje de querer. En el momento parece más fácil, y a veces lo es.
El problema es lo que queda después: enojo contenido, cansancio y la sensación de que nadie considera lo que necesitás.
Un límite no es rechazar al otro, es incluirte a vos en la ecuación. Es la señal que le das a alguien sobre hasta dónde llegás: qué podés dar, qué necesitás y qué no está disponible.
No siempre requiere una conversación difícil. A veces es simplemente decir que no a algo, sin una explicación extensa y sin pedir permiso.
El resentimiento sostenido hacia alguien es, muchas veces, la señal de que hay un límite que no se puso o que no se sostuvo. No habla del carácter de quien lo siente: habla de algo en esa relación que no está siendo nombrado.
Una forma rápida de notarlo es pensar en la última persona con la que sentiste fastidio sin una razón puntual. Probablemente ahí haya algo que nunca llegaste a decir. Y ese fastidio acumulado suele hacerle más daño al vínculo que el momento incómodo de decirlo a tiempo.
Detrás de la dificultad suele estar el miedo al rechazo o al enojo del otro. También la creencia de que "una persona buena no pone límites", o un aprendizaje temprano de que las propias necesidades no eran legítimas o tenían que quedar debajo de las de los demás.
Si creciste en un entorno así, o donde poner un límite tenía un costo real en el vínculo, es lógico que de grande te cueste. No es falta de asertividad en abstracto ni un defecto de carácter. Siempre hay una historia detrás, y lo que se aprendió también se puede desaprender.
Los límites no son solo con los demás. También tienen que ver con la relación con uno mismo: los horarios que no respetamos, las promesas que nos hacemos y rompemos, los estándares que nos imponemos sin mirar el costo. Poder sostener ciertos acuerdos internos también es parte del trabajo.
Decir que no cuando todavía podés hacerlo con calma puede evitar decirlo mal más adelante, cuando el enojo o el cansancio acumulado vuelven todo más difícil. A veces sale con facilidad y otras veces hay que trabajarlo. Sobre cómo se pone un límite en la práctica, escribí esta nota.
Si hay algún vínculo en el que te cuesta más poner límites, podemos trabajarlo juntos en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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