Límites
Límites
Es de las cosas más frecuentes en consulta últimamente. Y casi nunca aparece como “me siento culpable”. Aparece como la certeza de estar en falta, de deberle algo a alguien, aunque desde afuera no haya nada que señalar. Se vive como una deuda real, no como una emoción para observar.
Darse cuenta de que quizás no hay ninguna falta puede ser uno de los trabajos más largos de un proceso terapéutico. Nadie deja de sentirse culpable porque le demuestren que no tiene motivo: la culpa no se resuelve con argumentos. Lo que sí cambia las cosas es dejar de tratarla como una orden automática. Se puede sentir, escuchar lo que viene a decir, mirarla de cerca, y recién después decidir si hay algo para hacer.
En ese “recién después” está casi todo, y es justamente lo que casi nadie se permite.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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