Rumiación
Rumiación
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Lo esencial
· El primer paso es notar que estás rumiando: ahí aparece una pequeña distancia entre vos y el pensamiento.
· Ponerle un horario al tema y cambiar las preguntas abstractas por preguntas concretas ayuda a cortar el loop.
· Estas herramientas sirven en el momento. Si la rumiación es frecuente o intensa, conviene trabajarla en terapia.
En otra nota hablé de qué es la rumiación y de por qué no alcanza con "dejar de pensar en eso". Acá quiero ir a lo práctico: qué podés hacer cuando la cabeza no para. Hay cuatro estrategias con respaldo en la investigación clínica, y cada una apunta a un momento distinto del circuito.
Lo primero es darte cuenta de que estás rumiando. No para juzgarte, sino para no seguir el loop en piloto automático. Mientras no lo notás, la rumiación sigue sola.
Cuando lo notás, algo cambia: aparece una pequeña distancia entre vos y el pensamiento. Y ahí empieza la posibilidad de hacer algo diferente.
Una herramienta con evidencia es reservar un momento específico del día para pensar en el tema que te preocupa, por ejemplo 15 minutos a las 18. Cuando el pensamiento aparece fuera de ese horario, lo anotás y lo dejás para ese momento.
Esto no suprime el pensamiento, le cambia el momento. Y con el tiempo, la frecuencia con la que aparece va bajando.
La rumiación suele moverse en preguntas abstractas: ¿por qué soy así?, ¿por qué me pasa esto siempre? Son preguntas que no tienen una respuesta posible y que, en lugar de aliviar, generan más angustia.
Lo que ayuda es pasar a preguntas concretas y específicas: ¿qué pasó exactamente?, ¿qué puedo hacer distinto la próxima vez?, ¿hay algo que pueda hacer hoy? Ese cambio interrumpe el loop.
La rumiación ocupa el espacio mental que queda libre cuando no hay nada que pida atención real. Por eso scrollear en las redes no alcanza: no requiere una atención genuina.
Lo que sirve es hacer algo que ocupe la mente de verdad, como una actividad física, cocinar, hablar con alguien o leer algo que pida concentración. No como una distracción permanente, sino para cortar el loop en ese momento.
Ninguna de estas herramientas elimina la rumiación de raíz. Lo que sí pueden hacer es interrumpir el ciclo en el momento y, con práctica sostenida, reducir su frecuencia y su intensidad.
Si la rumiación es frecuente, intensa o está asociada a ansiedad o depresión, es importante trabajarla en un proceso terapéutico. Y no hace falta esperar a que sea insoportable para pedir ayuda.
Si sentís que tu cabeza no para y querés aprender a manejar la rumiación, podemos trabajarlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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