Vínculos y límites

Aflojar la mano: dejar ir desde el cuerpo

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Lo esencial

· Cuando algo duele y la mente no lo suelta, el cuerpo suele acompañar apretando.
· Dejar ir es notar dónde te aferrás y aflojar un poco con cada exhalación, sin forzar nada.
· Si la tensión no afloja, dejala estar. Volver todas las veces que haga falta es la práctica.

Repasás esa charla otra vez y, en algún momento, te das cuenta de que tenés los hombros pegados a las orejas. ¿Te pasó de notar, a mitad de la tarde, que tenías la mandíbula apretada desde la mañana? El cuerpo registra lo que la cabeza sigue repasando, y lo hace en silencio.

El cuerpo también aprieta

Cuando algo duele y la mente no lo suelta, como después de una ruptura, el cuerpo suele acompañar: mandíbula apretada, puños cerrados, hombros tensos, la respiración más corta. Muchas veces ni lo notás.

Una actitud para cultivar

Dejar ir es una de las actitudes que el mindfulness propone entrenar. Consiste en notar cuándo te aferrás a algo y aflojar un poco, sin forzar nada. En la tradición de la que viene el mindfulness, se parece a abrir un poco una mano que venía apretando, una y otra vez, sin exigirle que quede abierta. Lo que te importa puede seguir importándote mientras aflojás.

Buscá dónde está la tensión

Empezá por la cara y seguí por los hombros, las manos y el abdomen. En cada zona, notá si hay tensión, sin intentar todavía cambiarla.

Soltá con la exhalación

Inhalá sin forzar y, al exhalar, dejá que la zona tensa afloje un poco, aunque sea un milímetro. No hace falta que se relaje del todo.

Si la tensión no afloja

Algunas tensiones no ceden enseguida. En ese caso, dejá que estén y seguí respirando a su lado. Dejar ser también forma parte de dejar ir.

Cada vez que te vas, volvés

Cuando notes que la mente se fue otra vez a esa conversación, registralo con amabilidad y volvé a la sensación de la exhalación. Volver todas las veces que haga falta es la práctica.

Un par de minutos alcanzan

Podés hacerlo antes de dormir, en el colectivo o después de una charla difícil. Recorrer el cuerpo y soltar un poco con cada exhalación lleva menos tiempo del que imaginás. Esta semana, cada vez que notes que estás apretando, probá con una sola exhalación más lenta.

Si querés incorporar prácticas como esta en un proceso de terapia, podés escribirme. Escribime por WhatsApp.

— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)

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