Emociones
Emociones
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Lo esencial
· Hay personas que pierden el interés justo cuando el otro empieza a estar de verdad.
· Desde la teoría del apego, lo que debería calmar termina activando la alarma, porque la cercanía se aprendió como señal de peligro.
· No es un defecto: es un aprendizaje, y se puede modificar de a poco.
Perder el interés justo cuando el otro empieza a estar de verdad es una de las cosas que más escucho en consulta. Y casi siempre viene acompañado de la misma conclusión: que hay algo fundamentalmente roto en uno. Pero lo que se ve en el trabajo clínico suele ser distinto.
Al principio, cuando todavía era medio imposible, te encantaba. Contestaba a veces sí y a veces no, y esa incertidumbre te tenía pensando en esa persona todo el día.
Después algo cambió. Empezó a estar. A escribir de verdad, a querer verte, a acercarse en serio. Y sin saber bien por qué, empezaste a incomodarte, a encontrarle defectos, a necesitar aire. Te dijiste que se había apagado la magia, que ya no era lo mismo, que capaz no era la persona.
Si te pasó con más de una persona, probablemente fue siempre en el mismo momento: cuando el otro dejó de ser incierto y empezó a estar de verdad. Casi siempre se puede rastrear con bastante precisión cuándo empezó la incomodidad, y coincide con ese pasaje de incierto a disponible.
Desde la teoría del apego, eso que debería calmar termina activando la alarma, porque la cercanía se aprendió como señal de peligro. Nadie te enseñó que la cercanía podía ser tranquila. Quizás aprendiste que lo seguro no tenía gracia, o que lo que está siempre, en algún momento, se va.
Lo que hace difícil ver este patrón es que se justifica a sí mismo. Cada vez que te alejás y el vínculo se enfría, queda la sensación de que "no era la persona", y así el patrón se confirma una vez más.
La buena noticia es que se puede modificar, despacio, dentro de vínculos que toleran esa oscilación sin desaparecer, y muchas veces con acompañamiento terapéutico. Si querés entender más sobre los estilos de apego, en esta nota cuento por qué te vinculás como te vinculás.
Si te reconocés en este patrón y querés entender de dónde viene el tuyo, podemos trabajarlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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