Vínculos y límites
Vínculos y límites
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Lo esencial
· Discutir es parte de cualquier pareja que dure: lo que marca la diferencia es la forma de hacerlo.
· Criticar, despreciar, defenderse de todo y cerrarse son los patrones que más se asocian con desgaste.
· Las parejas que mejor atraviesan los conflictos tienen algo en común: logran reparar.
¿Sentís que en tu pareja discuten siempre por lo mismo, y que la pelea termina igual cada vez? Si te pasa, no es raro. Y el motivo de la pelea suele importar menos de lo que creés.
Discutir aparece en cualquier vínculo que dure. La investigación con parejas, a lo largo de décadas, encontró que el conflicto en sí predice poco: lo que marca la diferencia es la forma en que se discute.
Esa misma investigación identificó cuatro maneras de discutir que se asocian con más desgaste a lo largo del tiempo. Probablemente reconozcas alguna, en vos o en el otro.
Quejarse de algo puntual es parte de convivir. El problema aparece cuando la queja deja de hablar de lo que pasó y pasa a hablar de cómo es el otro: "vos siempre", "vos nunca", "sos un desastre". Ahí el otro deja de escuchar y empieza a defenderse.
Sarcasmo, burla, poner los ojos en blanco, hablar desde arriba. El desprecio le comunica al otro que vale menos, y es uno de los patrones que la investigación asocia con más desgaste.
Responder a cada queja con una excusa o con otra queja ("vos también hiciste...") parece protegerte, pero el otro se queda sin sentirse escuchado. Reconocer aunque sea una parte suele bajar la tensión más rápido que cualquier argumento.
Dejar de responder, mirar el celular, irse en silencio en medio de la pelea. Muchas veces pasa cuando el cuerpo está desbordado, y aunque se entiende, al otro le llega como abandono.
Muchas parejas quedan atrapadas en un circuito muy estudiado: una persona reclama, la otra se cierra para no escalar, y ese silencio hace que la primera reclame con más fuerza. Cada una reacciona a la forma en que se protege la otra, y así la discusión se alimenta sola, aunque el tema de origen sea mínimo.
Verlo como un circuito ayuda a salir de la pregunta de quién tiene la culpa. Las dos posiciones son maneras de manejar el mismo malestar, y ninguna es la mala de la historia. Lo que se puede trabajar es el circuito, y eso se hace de a dos.
Las parejas que mejor atraviesan los conflictos tienen algo en común: logran reparar. Pedir perdón, hacer un chiste que baja la tensión, retomar la charla cuando los dos ya se calmaron.
Quizás te sirva preguntarte qué papel te toca más seguido: el de reclamar o el de cerrarte.
Todo esto vale para discusiones entre pares. Si en tu pareja hay miedo, control o violencia, es otra situación y necesita otro tipo de ayuda.
Si sienten que quedaron atrapados en el mismo circuito y querés trabajarlo, podemos hacerlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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