TCC
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En sesión pasa algo bastante frecuente: alguien describe perfecto un momento difícil de la semana, la angustia, la bronca, el bajón. Pero al preguntar qué pensó justo antes, la frase exacta que le cruzó la cabeza, ahí cuesta más. Es lógico: esas frases son rapidísimas, y están tan escuchadas que ya se sienten como hechos, no como interpretaciones propias.
Anotarlas cambia las cosas: cuando una de esas frases queda escrita, afuera de la cabeza, se la puede mirar en vez de creerla sin más. Por ahora alcanza con eso. Discutirla viene después. Y conviene anotarlo en el momento, no reconstruirlo más tarde: la memoria casi siempre devuelve una versión retocada, filtrada por cómo uno se siente ahora, que muchas veces no es como se sentía entonces.
Un registro tomado en el momento es mucho más fiel, y da algo firme para trabajar después.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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