TCC
TCC
Lectura: 2 minutos
Lo esencial
· Los pensamientos automáticos son frases breves que aparecen solas y suenan a descripción de la realidad, no a interpretación.
· La emoción es la mejor pista: cada vez que el ánimo se cae de golpe, ahí atrás hubo un pensamiento.
· Conviene anotarlos en el momento, y por ahora solo registrarlos. Discutirlos viene después.
En sesión pasa algo bastante frecuente. Alguien describe perfecto un momento difícil de la semana: la angustia, la bronca, el bajón. Pero cuando le pregunto qué pensó justo antes, con las palabras exactas, aparece un silencio largo. Escuchamos el estruendo y se nos pierde la frase que lo produjo.
Son frases breves, casi telegráficas, que aparecen sin que las llames. Y tienen una trampa: no suenan a interpretación tuya, suenan a la descripción exacta de lo que está pasando. Por eso no se te ocurre discutirlas. Están tan escuchadas que ya se sienten como hechos.
Debajo de ellos hay otros niveles: las reglas, como "si molesto, me van a dejar de querer", y más abajo las creencias nucleares, lo que creés que sos. Pero los automáticos son los que están más arriba, y por eso son el punto de entrada.
Te felicitan: "lo dijo por compromiso". Te sale bien: "tuve suerte". Alguien tarda en contestarte: "se dio cuenta de cómo soy". Leídas en frío, se les ve la costura enseguida. En el momento, suenan a verdad.
Pasan tan rápido que lo único que te queda es el resultado: el bajón, la vergüenza, las ganas de desaparecer. Cada vez que el ánimo se te cae de golpe, ahí atrás hubo un pensamiento. Ese es el momento de agarrar el lápiz.
Un registro puede tener cuatro columnas: qué pasó, qué te dijiste, qué sentiste y con qué intensidad (de 0 a 10), y qué hiciste después. El error más común es escribir la emoción en la columna del pensamiento. "Me sentí un desastre" mezcla las dos cosas: el pensamiento fue "soy un desastre", y la emoción fue tristeza.
Cuando una de esas frases queda escrita, afuera de la cabeza, se la puede mirar en lugar de creerla sin más. Y conviene hacerlo en el momento, no reconstruirlo más tarde, porque la memoria casi siempre devuelve una versión retocada, filtrada por cómo te sentís ahora. Un registro tomado en el momento es mucho más fiel, y da algo firme para trabajar después.
No se discute nada todavía. Primero hay que aprender a verlos, que ya es bastante difícil. Discutir un pensamiento que todavía no sabés identificar es imposible. Si querés probar, elegí un momento de la semana en que el ánimo se te haya caído y completá las cuatro columnas.
Si querés aprender a identificar tus pensamientos automáticos y trabajarlos, podemos hacerlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
Seguí explorando
Si esto te resultó útil y querés profundizarlo en un proceso terapéutico, podemos conversarlo.
Quiero consultar →