Vínculos y límites
Vínculos y límites
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Lo esencial
· Después de una ruptura, la ausencia pesa más en ciertos lugares y momentos: el chat, la noche, el domingo, las fechas.
· Para cada uno hay opciones simples que no evitan el dolor, pero ayudan a que te encuentre mejor parado o parada.
· Si pasan los meses y el malestar sigue igual, una terapia puede ayudarte a ordenar lo que pasó.
Después de una ruptura, la ausencia no se siente igual todo el día. Hay momentos que pasan más o menos tranquilos y otros en los que, de golpe, todo vuelve. Suelen ser los mismos: un chat, una hora del día, un día de la semana, una fecha. Tenerlos identificados ayuda a no quedar a merced de ellos y a pensar de antemano qué hacer cuando lleguen.
Archivarlo o silenciar sus historias te evita cruzarte con su vida todos los días, sin necesidad de bloquear a nadie. Si comparten hijos o trabajo, puede servir acordar un canal que sea solo para eso, así cada mensaje no se vuelve una puerta abierta a todo lo demás.
Es el momento en el que más vuelve todo. Ayuda armar un cierre del día distinto al de antes: otra serie, un libro, una llamada corta. Si la mente se va a lo que pasó, podés probar aflojar los hombros al exhalar.
Si era el día de pareja, dejarlo vacío suele doler más. Planear algo con alguien, aunque sea simple, puede hacerlo más llevadero, sin necesidad de llenar cada hora.
Nadie tiene que elegir bando. Podés pedir lo que necesitás, por ejemplo que no te cuenten cómo está, y elegir con quién hablar de la ruptura y con quién no.
Una pregunta que aparece mucho es si se puede tener una amistad con una expareja. No tiene una respuesta única. A algunas exparejas les funciona con el tiempo, cuando ya no queda la esperanza de volver ni la herida abierta. Otras veces, la amistad inmediata sirve para no terminar del todo, y termina prolongando el dolor de los dos. Un poco de distancia al principio suele ayudar a ver con más claridad qué lugar querés que ocupe esa persona más adelante, y a distinguir si buscás una amistad o una forma de seguir cerca.
Una caja guardada en un lugar donde no la veas todos los días puede ser un buen paso intermedio. Decidir qué hacer con cada cosa puede esperar a que duela menos.
Los aniversarios, los cumpleaños y las fiestas suelen pesar. Llegar con un plan de con quién estar y qué hacer no evita que duela, pero hace que el golpe te encuentre con compañía.
Si pasan los meses y el malestar sigue igual, te cuesta trabajar o cuidarte, o te fuiste aislando por completo, una terapia puede ayudarte a ordenar lo que pasó.
Si estás atravesando una ruptura y querés trabajarlo en terapia, podés escribirme. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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