Vínculos y límites
Vínculos y límites
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Lo esencial
· La llegada de un hijo o una hija es un cambio de identidad profundo, para quien gesta y también para padres, parejas no gestantes y quienes adoptan.
· Querer a tu hijo y extrañar la vida de antes pueden convivir, y el amor no siempre llega de golpe.
· Si la tristeza, la angustia o la ansiedad duran más de dos semanas, conviene consultar. La depresión posparto tiene tratamiento.
¿Cuántas veces escuchaste que tener un hijo es lo mejor que te puede pasar en la vida? Es una frase que se dice con cariño y que, sin querer, deja poco lugar para todo lo demás. A quien está criando le hace pensar que, si algunos días se siente agotado o agotada y con ganas de salir corriendo, algo falla en su amor. A quien no tiene hijos, porque eligió no tenerlos o porque no llegaron, le puede sonar a que se está perdiendo lo único que importa.
Una vida con sentido se arma de muchas maneras, con o sin hijos. Y la crianza real tiene días que valen todo y días muy difíciles, a veces en la misma tarde. Con la llegada de un hijo o una hija, casi nada queda en su lugar: ni la identidad, ni la pareja, ni la familia.
Hay quienes la llaman matrescencia: un cambio de identidad profundo, con un cuerpo, unas prioridades y una rutina nuevas. Algo parecido atraviesan los padres, las parejas no gestantes y quienes adoptan.
Se puede querer a un hijo o una hija y, al mismo tiempo, extrañar el tiempo libre, dormir de corrido o el trabajo como era. Las dos cosas conviven, y sentirlas no te hace peor madre ni peor padre.
Para algunas personas aparece en el primer instante. Para otras se va construyendo de a poco, en medio del cansancio y a medida que se van conociendo. Pasa en nacimientos y en adopciones, y las dos formas son esperables.
Hay menos sueño, menos tiempo a solas y muchas decisiones nuevas. Con o sin hijos, la satisfacción en pareja suele bajar con los años, y la llegada de un bebé puede volver ese cambio más brusco en el primer tiempo.
Llegan visitas, consejos y opiniones sobre cómo criar. A veces eso acerca, y a veces reaviva tensiones viejas. También aparece la pregunta de qué querés repetir y qué querés hacer distinto de cómo te criaron.
Los cambios de ánimo después de la llegada de un bebé no son exclusivos de quien gestó. Padres y parejas no gestantes también pueden atravesar una depresión en esta etapa, y en su caso suele pasar más desapercibida.
Si la tristeza, la angustia o la ansiedad duran más de dos semanas, o aparecen pensamientos que asustan, hablalo con tu obstetra, tu médico o médica, o una psicóloga o psicólogo. La depresión posparto tiene tratamiento.
Si estás atravesando esta etapa y querés un espacio para pensarla, podés escribirme. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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