Vínculos y límites

Cuando el que se ríe es el grupo

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Lo esencial

· Lo que más impactó del video del viaje de egresados fue la risa: hablar del daño a otra persona como si fuera una anécdota divertida.
· El bullying nunca es de una sola persona, y sus huellas pueden durar muchos años, en el ánimo, en la autoestima y en la relación con el cuerpo.
· Contarlo a alguien que te crea ayuda, y lo que te pasó se puede trabajar en terapia.

En estos días se habló mucho de un video de un viaje de egresados en el que una estudiante cuenta, entre risas, cómo ella y otras compañeras hostigaron a una chica de su curso. ¿Por qué generó tanta indignación? ¿Es un caso aislado?

Creo que lo que más indignó, y lo que hizo que se volviera tan viral, fue la risa: escuchar a alguien hablar del daño a otra persona como si fuera una anécdota divertida. Y no, no es un caso aislado. En el consultorio escucho muchas historias de adultos y adultas que todavía cargan con lo que vivieron en la escuela.

Si lo viviste, lo reconociste

Quizás al ver el video sentiste un nudo conocido: el aula donde nadie te defendía, el apodo que todavía recordás, el recreo que se hacía eterno. Muchas personas nunca lo contaron. Y hoy, cuando lo cuentan, suelen aparecer la vergüenza y la culpa, como si hubieran hecho algo para merecerlo.

Nunca es una sola persona

Está quien empieza, quien se ríe, quien graba y quien mira sin decir nada. Casi todas las historias que escucho tienen algo de eso: un grupo que se reía, alguien que miraba para otro lado y nadie que dijera basta. Para quien lo sufre, el silencio de los demás también duele, a veces tanto como la agresión.

Lo que te decían

"No les des bola", "ya se les va a pasar", "son cosas de chicos". Eran frases dichas con buena intención, pero te dejaban sin protección. Y a veces, todavía hoy, son las que te repetís.

Huellas que pueden durar

Estudios que siguieron a personas durante décadas encontraron más ansiedad y depresión en la adultez en quienes sufrieron bullying. A veces queda como trauma: recuerdos que vuelven sin aviso, la sensación de estar siempre en guardia, sobresaltarse ante ciertas risas o miradas.

También en cómo te mirás

Puede quedar en la autoestima y en la relación con el cuerpo: verte con los ojos de quienes se burlaban, esconderte, compararte. Las burlas sobre el cuerpo aparecen seguido en la historia de personas con trastornos alimentarios.

¿Dónde aprendieron que era gracioso?

Chicos y chicas aprenden mirando a las personas adultas. Y hoy ven a gente con poder o con mucha audiencia burlarse en público, humillar a quien piensa distinto y recibir aplausos por eso. Lo que se festeja se copia.

Por eso vale la pena mirar más allá de este caso y pensar en cómo nos manejamos en lo cotidiano. Ver humillaciones todos los días anestesia, y el sufrimiento de otra persona empieza a parecer exagerado o divertido. Cuando dejamos de ver a la persona y vemos solo un blanco, la crueldad parece un chiste. ¿Qué nos pasa con el dolor ajeno? ¿Qué lugar ocupamos cuando alguien maltrata a otra persona en público? ¿Qué consumimos en redes y qué les transmitimos a las generaciones más jóvenes?

Si todavía te pesa

Si a vos te pasó, lo que sentiste importó, aunque en ese momento nadie lo viera. Ayuda contarlo a alguien que te crea. Y si sigue doliendo, se puede trabajar en terapia. Lo que te hicieron no habla de quién sos.

Si estás muy mal, podés llamar a la Línea Nacional de Salud Mental, 0800-999-0091, gratuita y disponible las 24 horas.

Si viviste algo así y sentís que todavía te acompaña, podés escribirme. Escribime por WhatsApp.

— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)

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