Depresión
Depresión
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Lo esencial
· Ansiedad y depresión aparecen juntas muy seguido, y muchas veces conviven sin que la persona lo sepa.
· No son lo mismo: en la ansiedad predomina la pregunta "¿y si...?" y en la depresión, "¿por qué?".
· Comparten mecanismos, como la rumiación y la evitación, y por eso conviene trabajar sobre lo que sostiene a las dos.
Hay personas que consultan por ansiedad y, cuando profundizamos, aparece también mucha tristeza, pérdida de interés y agotamiento. Hay otras que llegan por depresión y conviven con una preocupación constante que no pueden apagar. No es algo raro. Ansiedad y depresión se parecen más de lo que solemos creer, y entender en qué se parecen y en qué se diferencian ayuda mucho a la hora de trabajarlas.
Son los trastornos mentales más frecuentes a nivel mundial y, en la mayoría de los casos, no van solos. Casi la mitad de quienes tienen ansiedad también presentan síntomas depresivos, y dos tercios de quienes tienen depresión mayor también tienen niveles elevados de ansiedad. Además, en el primer año de la pandemia su prevalencia aumentó un 25%.
Aunque se crucen tanto, no son lo mismo. En la ansiedad, es el futuro el que invade el presente: algo puede pasar y el cuerpo se activa. En la depresión, es el pasado el que invade el presente y se proyecta hacia adelante: las cosas ya son así y así van a seguir.
Una forma simple de notarlo es mirar qué pregunta predomina. En la ansiedad suele ser "¿y si...?". En la depresión, "¿por qué?". Cambian el tono y la dirección, aunque muchos síntomas se superpongan.
La irritabilidad, la dificultad para concentrarte, el insomnio, la sensación de que todo cuesta más de lo que debería. Ninguno de esos síntomas pertenece solo a una de las dos, porque ansiedad y depresión comparten una misma base: una tendencia elevada al malestar emocional. Por eso se superponen tanto y a veces son difíciles de distinguir.
Uno de los procesos que comparten es la rumiación. En la ansiedad, la mente da vueltas alrededor de la amenaza: qué puede pasar, qué tan mal puede salir. En la depresión, da vueltas alrededor de la pérdida: por qué pasó, qué dice eso de mí, para qué intentarlo. El contenido cambia, pero el proceso es el mismo: circular, repetitivo, y no lleva a ninguna resolución.
El otro proceso en común es la evitación. En la ansiedad se evitan situaciones, sensaciones o conversaciones. En la depresión se evitan la actividad, el contacto social y las emociones dolorosas. En los dos casos funciona igual: reduce el malestar ahora, pero lo sostiene en el tiempo. Y cuando la vida se organiza alrededor de evitar lo que duele, lo que importa queda cada vez más lejos.
En la mayoría de los casos en que aparecen juntas, la ansiedad llega primero, aunque no siempre. Todavía no está del todo claro por qué. Lo que sí se sabe es que, cuando las dos están presentes, la recuperación suele ser más lenta y el tratamiento necesita atender a las dos.
Si comparten procesos, trabajar solo una suele quedarse corto. Si solo se trabaja la ansiedad, la depresión puede mantenerse. Si solo se trabaja la tristeza, la preocupación sigue activa. Hay enfoques, como el Protocolo Unificado de Barlow, que en lugar de ir diagnóstico por diagnóstico trabajan sobre los mecanismos que sostienen a las dos: la evitación emocional, los patrones de pensamiento repetitivo y la relación con las emociones difíciles. Desde la TCC y ACT también hay herramientas que abordan ambas dimensiones de manera integrada.
Reconocer que están las dos no complica el cuadro: lo aclara. Y aclararlo es el primer paso para trabajarlo.
Si te identificaste con la ansiedad, con la depresión o con las dos, podemos trabajarlo en consulta. Escribime por WhatsApp.
— Bárbara Ballesteros, Lic. en Psicología (M.N. 71.448)
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